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Opinión - 12 octubre 2018 - 8:00h

Más transparencia y menos oscuridad

Juan Antonio Palacios Escobar

Autor: Juan Antonio Palacios Escobar

Toda persona de bien de este País pide claridad y transparencia en toda actividad humana y especialmente en aquellos que realizan una función pública. Así debe ser y quien no cumpla, que caiga sobre él o ella todo el peso de la Ley.

Pero eso es una cosa, y deben colocarse todas las cartas encima de la mesa, para que todos conozcamos los bienes y las actuaciones de nuestro cargos públicos y otra muy diferente y tremendamente peligrosa es convertir en sospechoso, acusado y culpable de una tacada a todo el o la que ostente una responsabilidad institucional.

Cuando entramos en esa espiral esquizofrénica, no estamos atacando a una persona determinada, ni tan siquiera a las siglas que representa, sino que estamos yendo con armas y bagajes al núcleo de nuestra democracia. Seguir así, no solo es una locura sino que nos conduce a un callejón sin salida.

Los problemas en democracia se resuelven con más claridad, que suponen ni más ni menos que más democracia, las respuestas en los sistemas dictatoriales, autárquicos y cerrados, es más oscuridad, y menor protagonismo ciudadano, hasta convertir al Estado en carcelero y a la persona de a pie en rehén o preso.

Debemos organizarnos mejor y terminar nuestras tareas pendientes. Las prisas, no suelen darnos tiempo para reflexionar y solucionar lo que no funciona en nuestras vidas. Gestionar nuestras emociones y aprender a expresar nuestros sentimientos, sin ofuscarnos ni enfadarnos es iniciar y continuar por el buen camino…

En el camino de la transparencia a la oscuridad o viceversa podemos perdernos, y no saber descifrar el enigma de nuestra existencia, ni contestar a preguntas sobre qué es lo que hacemos aquí, y como escapar de lo tentador y peligroso que resulta el poder en todos sus aspectos.

Debemos cultivar con esmero nuestras honestidades y no solo con palabras sino con hechos, sin quedar presos de vicisitudes, miserias y rutinas, de coyunturas y oportunidades, adecuando nuestras marchas a los caminos y a las circunstancias que nos encontremos en los mismos.

Este es no es un País para viejos y necesita rejuvenecerse, así según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal estima que la población española aumentará ente 4 y 13 millones hasta 2050 gracias a la inmigración y al incremento de la fecundidad.

Entre transparencias y oscuridades, la realidad supera a la ficción, y así nos encontramos, en su afán de internacionalizar el conflicto catalán, el presidente Torra pida ayuda a través de carta al Presidente de EEUU, Donald Trump y al Papa Francisco. Resultaría un chiste mal gusto si no fuera el más grave problema que tiene ahora el Estado.

También parece increíble en uno de los países con una legislación más avanzada en materia de violencia de género, que un juez haga referencia a una víctima con expresiones como “bicho “e “hija de puta”. Menos mal que en un gesto de sensatez se ha apartado del caso.

O puede resultar insólito que el alcalde Torrox, Oscar Medina del PP, al ser entrevistado, tras que un hombre, ahora en prisión, acabara con la vida de su mujer a cuchilladas, el regidor se vanaglorie que el municipio malagueño hubiera sido protagonista en todos los medios de comunicación.

Nos parece excelente que exista una Ley de Transparencia, que por ejemplo, nos permita conocer cuáles son los ingresos y bienes de todos los cargos públicos de nuestro País, cuando entran en la actividad política y cuando se van. Es una sana, saludable y excelente medida, que el PSOE, lleva realizando desde hace tiempo.

El machismo, el lenguaje deleznable y la falta de respeto al adversario, siguen imperando en las esferas de las actuaciones públicas. Así hemos asistido entre la indignación y el rechazo, como el alcade de Vilanova de Arousa, Gonzalo Durán del PP gallego ha llamado “chacha para todo” del “anciano” alcalde Abel Caballero, a la socialista Carmela Silva, Presidenta de la Diputación de Pontevedra.

Son cinco muestras, cinco ejemplos de que una sociedad democrática como la nuestra resiste a las situaciones más abominables, de que lo más escandaloso e impresentable, o puede compararse con la democracia más consolidada, son realidades en las que no estamos persiguiendo quimeras ni fabricando fantasmas, en las que si queremos fortalecer la democracia en España, necesitamos más transparencia y menos oscuridad.

Tal vez uno de los grandes retos que ha de plantearse la sociedad española, es, desde muy pequeñitos , enseñarle a los ciudadanos, a ejercer sus derechos, entre ellos, el que tiene a preguntar por todos los asuntos que les afectan, a poder acceder a sus representantes, a saber manejar nuestras leyes y manejarse dentro de la madeja administrativa.

Y en el mundo institucional de las administraciones, los primeros que han de tener las puertas limpias y abiertas son nuestros ayuntamientos, para que los ciudadanos y ciudadanas sepan cómo pueden preguntar y cuáles son los cauces que se les ofrecen para participar en las decisiones que nos afectan a todos y todas.

Para ello, las administraciones públicas han de modernizarse e ir por delante de los tiempos, facilitándoles a los contribuyentes el que puedan acceder a todo tipo de información y realizar cualquier trámite con la mayor accesibilidad y facilidad, de tal manera que se terminen las dilaciones y las carreras de obstáculos para ejercer los derechos ciudadanos.

Estamos en una nueva época, que debe suponer una nueva filosofía, desde una doble perspectiva, desde quien ostenta la responsabilidad de gobernar, como de quien es el administrado. Los Gobiernos deben tener una concepción abierta, de que prestan servicios a los ciudadanos, desde el protagonismo de éstos.

Además no podemos olvidar, que estamos en lo que ayer era futuro y hoy es presente, y son las nuevas tecnologías, innovaciones y métodos distintos, en los que la transparencia no solo es una exigencia necesaria, sino que forma parte de la metodología y del camino que hemos de recorrer.

La claridad y transparencia, creo que es uno de los caminos para generar confianza en las instituciones, la política y los políticos, si no conocemos en todos sus aspectos, entre ellos su ganancias y bienes a nuestros representantes, no nos dicen lo que pueden hacer y lo que no, y no nos hacen participes y protagonistas de nuestro destino.

Nuestra sociedad, en pleno siglo XXI, tiene nuevos retos y éstos no están reñidos con recuperar y fortalecer valores y principios que han hecho que seamos mejores y seamos capaces de defender los derechos conseguidos y avanzar en mejorar nuestra calidad democrática.

No debemos olvidar que la transparencia, la información, la comunicación y nuestra participación, nos hace abordar con mayor garantía los retos y desafíos, sabiéndonos anticipar a los conflictos y ofreciendo soluciones mejores y más justas.

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