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Opinión - 25 noviembre 2018 - 21:28h

Si Gibraltar Estornuda, La Línea se resfría

 

Paco del Río.

Autor: Paco del Río

Oír al alcalde, Juan Franco, proyectando la marcha de La Línea del Campo de Gibraltar, y por ende de la Junta, me parece una “genialidad” que puede salir de la inventiva politica más desorbitada, menos verosímil y desmesurada que jamás se puede plantear ante el razonamiento justo que necesita la ciudad para salir de los pobres avatares y circunstancias lamentables que sufre esta población desde siempre y, como sigamos así, de por vida. Y sálvese quién pueda.

Cabe pensar la probalidad que el primer edil de la ciudad propague esta demanda de segregación con la idea de llamar la atención de las más altas instituciones supramunicipales, ante la evidente necesidad que padece esta noble población gaditana y frente a la despreocupación y olvido de todos.
Si es así, cómo estrategia y pataleo político ante la inacción de Sevilla y Madrid, al menos, es más digerible la ocurrencia. De otra forma no se entiende.

Por otra parte, ni está ni se le espera. Es decir, no es solución a corto ni medio plazo. ¿O acaso es decir Autonomía y se acabaron los problemas?. Y tampoco es factible de un día para otro. El futuro hay que verlo desde la paciencia, con calma, proyectos firmes y paso seguro. Sin estado emocional alterado ni necesidades primarias a cubrir in extremis.

En otro artículo comenté que La Línea necesita solución de urgencia, no de atención rutinaria o de alivio.
Los 800 millones de euros, que ahora el Gobierno piensa aportar, y a repartir en el Campo de Gibraltar, puede ser paliativo, pero no es solución determinante ni definitiva. Aunque a todos y a todas nos guste que nos toque “el gordo”, y no sabemos si sólo a La Línea le corresponde “la pedrea”. A pesar de todo, siempre la noticia cae bien y brindamos con champagne (en catalán cava). Pero más tarde reflexionamos y caemos en la cuenta : “no siempre el dinero es la felicidad”, ni consigue el éxito de todo un pueblo. En La Línea se necesita un plan de regeneración pública. Un proyecto de ilusión con su gente.

Imposible hacer recaer la economía y el progreso “a la sombra de Gibraltar”, o a los vaivenes políticos de unos y otros. La experiencia es larga, y a los resultados me remito. La ciudad tiene que vivir de sus propios recursos.

Ya en sus orígenes, aquellos primeros pobladores linenses (muchos llegados desde otras latitudes) lo pasaron canuta, teniendo que recurrir al estraperlo, inventarse como vivir y ofrecerse a la “acogida” de los gibraltareños.
Siempre contrabando y contra corriente, porque se consideró La Línea con unas peculiaridades muy especiales y distintas a otras, incluso colindantes, precisamente por ser frontera con la Roca. Y en esto, el alcalde lleva razón.

Plantearnos ahora, con urgencia, desvincular La Línea de la Comunidad andaluza y constituirla en Ciudad Autónoma (una más ), es cómo recurrir a “la tabla del náufrago “, ser producto de la impotencia burocrática y política, o disparar a todo lo que se menea, sin apuntar al “blanco”. Da la sensación que se actúa sin brújula ante un horizonte cargado de obstáculos.
Y fíjese sr. Franco, que es cierto, soluciones hay que buscar. No sólo ahora, sino desde hace muchas generaciones, y me atrevería a decir, que desde tiempo inmemorial de la jovencisima población línense.
Sin embargo, nadie puede creer que, en esta crucial situación política y social, la solución pase por una nueva segregación o desvinculación de la Junta de Andalucía.
Entre otros “pequeños detalles”, porque esa no es la más viable en corto espacio de tiempo, ni la menos verosímil para afrontar la problemática laboral, social y cultural de un pueblo como La Línea , ya harto de ideas y palabras ilusorias. A pesar que convenga incidir sobre esta desvinculación institucional con perspectivas de altas miras y a largo plazo.

Es necesario definitivamente perfilar firmemente a la diana y consiguir el pleno. De una vez por todas.
Un acierto que no es otro que la formación profesional, apoyo a la pequeña y mediana empresa, facilitar y evitar burocracia desde las instituciones, favorecer la implantación de nuevas empresas, incentivar a los jóvenes emprendedores, seguridad y limpieza.
Es obligado aunar esfuerzos, emocionar y unir a la población en un proyecto común.

Hay que trazar un inmediato y sincero plan que derribe la realidad precaria, animar a mejorar con ilusión y motivaciones verdaderas para hacerlo realidad entre todos, incluidas las instituciones gubernamentales; Bruselas, Madrid y Sevilla.
La Línea no es una ciudad cualquiera, es la gran olvidada, pero hay que incentivar y recalcar que se trata de la población imprescindible para entender Europa desde el sur.

Es importante no desmayar en el empeño de demostrar incansablemente que, La Línea es la gran sacrificada, la puerta de la UE y el marketing más efectivo entre dos continentes, con la importancia que conlleva para la economía del país y la logística singular para los intereses europeos.
Una acción inmediata con actuaciones basadas en la singularidad de un pueblo ubicado en una zona previlegiada. No para la implantación de actividades ilícitas, sino como acicate para un desarrollo que cubra las necesidades de todos. Hacerlos ver en Bruselas, conseguir hacer interesante la puerta que ofrece La Linea a otras culturas, industrias y exportaciones de interés comunitario.
Es imprescindible “pelearlo” en los distintos despachos ministeriales y consejerías, de modo incansable y convencidos que es posible.

Si el asunto se plantea así, y se consigue hacerlo realidad, por muchos borradores firmados que plantee el Reino Unido con su Brexit, y el olvido de los temas de Gibraltar que conciernen a España, seguro los linenses no sentirían zozobra en la ciudad, y si un problema exclusivo de los gibraltareños que, por otra parte, prefieren ser britanicos y no europeos.
Además, nos excluyen de cualquier acuerdo con intereses comunes.

Ya hay consenso, y España ha votado si al Brexit y a la salida del Reino Unido de la UE. Los 27 se han puesto de acuerdo.
El Presidente Sánchez dice que se ha alcanzado unos acuerdos históricos tras más de 300 años de litigio sobre la frontera de la discordia. Sin embargo, en su comparecencia ante los medios de comunicación dejó toda clase de dudas a los españoles sobre los intereses de soberanía y dificultades que puedan plantearnos las nuevas leyes de los británicos que pueden afectar negativamente a los trabajadores españoles que cruzan la verja cada día. Explicaciones abstractas, genéricas e incompletas, que dejan al ciudadano sumido en un caos de explicaciones nada esclarecedoras y pendientes del Parlamento británico.
Hay quién dice que “…es una pena que el Presidente no se haya atrevido a paralizar el Brexit” (ex-ministro García Margallo).
Al final, como siempre, los británicos se saldrán con la suya, y el conflicto de Gibraltar y España, una vez más, queda relegado e indiferente. El Brexit sigue adelante.

Pero ahora, ¿La Linea autonómica y adiós a la Diputación?. Mejor unión y fuerza de todo un pueblo desmoralizado, transmitir ilusión y hacer llegar el mensaje claro y directo: La Línea lo consigue. Su gente saben, tienen valores destacados.
Pero no participan, cada vez sus ilusiones son más raquiticas y la confianza en sus dirigentes son menos, y decayendo en picado estrepitoso.

Por otra parte, con modestia, pero convencido desde los sentimientos de un línense de pro, cabe decir que en La Línea urge un “plan de ilusiones”. Siempre su población supo afrontar las adversidades y enfrentarse al “más difícil todavia”. Su corporación municipal está obligada a contar con toda la ciudad, hacer participe al ciudadano, sin excepciones. Olvidar el partidismo e incluso los intereses particulares. Al unísono, y cómo un mitin multitudinario de 63.000 personas, los líderes de las distintas opciones políticas deben aunar ideas y transmitirselo a la ciudadanía. Con un proyecto claro, seguro y transparente, que todo un pueblo se vea identificado.

Hay que hacer campaña, dar importancia al línense como individuo y hacerlo protagonista de su propio presente y futuro más cercano.
Los políticos son responsables de iniciar otras actitudes a través de mensajes que comiencen a desvincular a La Línea de su dependencia económica y laboral con Gibraltar, mentalizar a su gente con idiosincrasia de pueblo independiente y ser autosuficiente.
Es imprescindible olvidar el pasado y comenzar a ver un horizonte nuevo, y de ninguna manera podemos seguir con el discurso anclado en esa frase de su alcalde, cuando dice, “…Si Gibraltar estornuda La Línea se resfria “. Palabras que denotan una mentalidad limitada, una frase que condena a su pueblo a la emigración y a perpetuarse como ciudad al amparo imprescindible de los gibraltareños y sin perspectivas propias. Así Gibraltar próspera, La Línea se ancla en su historia.
Es de obligada importancia cambiar el discurso. Ya no puede ser una población a la sombra de Gibraltar, sino una ciudad moderna, del siglo XXI, con identidad y cargada de atractivos para despegar por si sola y no, exclusivamente, a la espera de los imperativos inciertos del Peñón.

Y todo ello no significa suscitar acritud ni divergencias entre vecinos, sino todo lo contrario, ser equitativos y que exista entente cordial y dialogante por ambas partes, para un reparto de riquezas que no produzca discriminación entre poblaciones llamadas a comprenderse. Evitando considerar “…La Línea el hermano pobre”, con respecto a su pariente gibraltareño, que se considera el rico.
Ser tolerantes evitaría, “poner bloques de hormigón en el mar” para que nuestros pescadores dejen de buscarse la vida. O no regularizar impuestos y tasas para neutralizar el comercio entre ambas partes, y así evitar ser considerados “un paraíso fiscal”. Sin duda, significa actúar con ventajas respecto a los vecinos, y denota falta de solidaridad.

Un plan conjunto para avanzar desde el mismo punto de partida, pero los linenses siempre exigiendo lo que les corresponde. Sin tapujos ni recelos y, mucho menos, sin complejos de inferioridad.

Así La Línea seguiría con nombre y apellido, y con aires andaluces: La Línea de la Concepción. Y no la línea de fuego o contravalación, siempre con el punto de mira dirigido hacia Gibraltar.

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