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Gibraltar - 6 diciembre 2018 - 17:53h

El partido de los 12 llanitos que querían hacer del Peñón “una autonomía española”

En 1980, con la frontera aún cerrada, hubo quién abogaba por la autonomía de Gibraltar. Este artículo publicado en Diario El Mundo  y que reproducimos a continuación, narra como fue todo el proceso con varios de los doce impulsores  del Partido por la Autonomía de Gibraltar. 

Los tres comisionados subieron las escalinatas del sobrio edificio del Palacio de Santa Cruz -antes cárcel y mansión, como a ellos se lo parecía entonces Gibraltar- y entraron en el despacho de Carlos Robles Piquer. Diplomático de larguísima trayectoria, hombre culto y ex ministro de Franco devenido en secretario de Estado de Exteriores en el Gobierno de Adolfo Suárez, era, probablemente, la persona que mejor podía entenderles. Hacía frío en el interior de aquella estancia de alma herreriana en aquel mes de diciembre de 1979.

«Hace falta restablecer los teléfonos que todavía hoy están cortados y abrir la verja», sugirió el abogado José Manuel Triay, el líder del joven Partido para la Autonomía de Gibraltar (PAG), que era quien había acordado la cita. Y sus dos acompañantes, su hermano Juan José y el historiador Tito Benady asintieron y le ayudaron a explicar al alto cargo de aquel Gobierno encargado de construir una democracia entera en un tiempo record que la posibilidad de poner a la población del Peñón en favor de España era una posibilidad real.

«Si ustedes quieren arreglarlo han de hacerlo de forma amistosa, sin restricciones ni desconfianzas», dijeron. Y no recibieron una negativa. Las conexiones telefónicas se restablecieron pero la verja permaneció cerrada.

Ese fue uno de los portazos que los autonomistas recibieron y lo cierto es que no fue el único ni el más importante. El PAG había nacido apenas tres años antes, en septiembre de 1977, en el despacho de abogados de José Manuel Triay -todavía hoy una firma de mucho renombre en el Peñón-. Una docena de gibraltareños se conjuró para acabar con el aislamiento de la población de este territorio a 2.000 kilómetros de su Gobierno y postuló ideas que hasta el momento sólo habían traído problemas y habían sido consideradas una traición. Aunque el tiempo demostraría mucho más tarde que su defensa política no era un mero delirio.

“Pretendíamos abrir el diálogo”

«La idea era buscar una autonomía dentro de España, bajo la soberanía española. Ésa fue la idea inmediata de José Manuel. Yo creía que tenía que ser un condominio. En cualquier caso pensábamos que dándole una posición a España, podíamos acabar con el contencioso. No concretamos más. Esperábamos obtener respaldo de la población para después entrar en precisiones, conscientes de que se trataba de cambiar el estatus en contra de la tradición. Porque el Tratado de Utrech es claro. Pretendíamos abrir el diálogo», explica Tito Benady, uno de los protagonistas de aquella aventura.

Benady cita, para dar una idea de sus pretensiones tácticas, la fábula contenida en el libro el Gato del Gobernador en la que se cuenta que hubo una contienda entre el sol y el viento que discutían sobre quién tenía mayor capacidad para quitarle la capa a un hombre, si el viento con su fuerza o el sol con su calor. «Pues esa era la situación», resume.

Entre aquellos doce impulsores inciales había abogados, estaba el propietario de una tienda de loza, también Agustín Bellaque, un trabajador del arsenal, sindicalista, cuyo padre, comunista gibraltareño cruzó la frontera para combatir en la Guerra Civil española, algunos obreros y empresarios como Patrick Sacarello, el propietario de uno de los cafés con más tradición de Gibraltar.

No eran recién llegados. Eran personas cuyas familias llevaban siglos asentadas en el lugar. El primer Sacarello llegó como capitán de un bergantín en 1817. La familia de Benady, de judíos marroquíes, había llegado en 1735, apenas 20 años después de la firma del Tratado. Y el despacho de los Triay estaba abierto antes de que ellos nacieran. Pero estaban hartos de estar «enjaulados», con familias separadas por la frontera y un Gobierno, el británico, que «no hizo bastante esfuerzo», según recuerda Patrick Sacarello.

De modo que pusieron en marcha un periódico el Calpe News -el monte Calpe es una de las dos columnas de Hércules que señalaban el fin del mundo conocido para griegos y romanos-, con un director que era el redactor y dos mecanógrafas, y se lanzaron a la arena política. Trescientos ejemplares vendían en un lugar en el que la tirada es de 1.000. Tampoco resultaba tan terrible si tenemos en cuenta que los precedentes eran tremendamente desalentadores.

Acoso en prensa 

Diez años antes de la creación del PAG, cuando el Gobierno español cerró la verja y ofreció a los gibraltareños la nacionalidad española y ayudas si cruzaban la frontera, los Triay se habían mostrado partidarios del entendimiento con la vecina España. Tanto es así que se entrevistaron con autoridades españolas para intentar solucionar la situación. Quienes, como ellos, se posicionaron de ese modo fueron bautizados como los palomos y fueron objeto de una campaña de acoso en prensa que caldeó los ánimos hasta desembocar en actos violentos. Tuvieron que exiliarse, sus posesiones fueron incendiadas y ellos fueron atacados.

El testimonio de Juan José Triay, hoy fallecido, fue recogido por su hermano en un libro, ‘Matar al mensajero’. Vivencias de un palomo en Gibraltar, publicado en el año 2000: «Me gritaban que yo les había entregado a España, que era un traidor. Entraron al menos tres. Me apalearon, patearon. Me sentí impotente, humillado, más dañado moralmente que por los palos que me daban aquellos vecinos míos que, de repente me habían convertido en un enemigo a eliminar». En las elecciones de 1969, el halcón sir Bob Peliza consiguió siete de los 15 asientos en la House Assembly con el partido Integration with Britain.

Fue la llegada de la democracia la que animó a los antiguos palomos a retomar su idea. Poco antes de verse con Robles Piquer, lo intentaron con los socialistas. El entonces secretario de Relaciones Internacionales del partido, Luis Yañez, se reunió con ellos en Gibraltar y su entusiasmo inicial fue lo suficientemente fuerte como para presentarles a Felipe González, que estaba realizando una ronda con políticos británicos en Londres. No parecía el momento más adecuado dado que los palomos no eran los más populares entre los representantes británicos pero Yañez no dudó en llevarse a Benady hasta el hotel de González. «Fueron 10 minutos. No recuerdo que hablásemos de nada», señala el historiador.

“No obtuvimos el apoyo de España”

Sin el respaldo del Ejecutivo español y el ninguneo por parte del líder socialista, los tres candidatos del PAG a la Asamblea legislativa que se presentaron en los comicios de 1980, los dos, Triay y Tito Benady, no obtuvieron más que 300 votos, los mismos que lectores tenía su periódico.

Los rotativos de la época recuerdan que el año anterior a las elecciones, el gobierno británico destinó 71 millones de libras esterlinas a Gibraltar en ayudas financieras y en proyectos de Defensa. Sin duda, un rayo de sol bastante intenso. «No obtuvimos apoyo de España. Seguía la frontera cerrada [lo estuvo desde 1969 hasta 1982], los insultos de televisión española. No se hizo nada y lo dejamos estar. Estábamos en una situación expuesta», recuerda Benady.

Una situación tan delicada que hasta el que fuera ministro principal de Gibraltar Peter Caruana tuvo buen cuidado de mantener las distancias con el PAG. Yerno de José Manuel Triay, miembro de su bufete en 1979, fueron frecuentes los comentarios sobre sus simpatías ideológicas por el Partido Autonomista. Él siempre lo negó pero las cortó de raíz y sin remisión cuando, tras un preacuerdo entre Tony Blair y José María Aznar para compartir la soberanía de la colonia, convocó, en 2002, un controvertido referéndum que, aunque no fue vinculante, dejó bien claro que un 98,9% de los gibraltareños se oponía al pacto hispano-británico.

Tras el fracaso de las elecciones de 1980 no hubo ni apaleamientos ni exilios, pero la mayor parte de los protagonistas de aquella aventura esquivan pronunciarse sobre ella. Incluso ahora que casi un 90% de los gibraltareños ha rechazado el Brexit. Cuando se les pregunta si España podría ser su salida ahora, si tendría sentido intentar mantenerse en Europa mediante un pacto con España, o se callan o lo rechazan.

«El Brexit es un desastre. Es una situación de incertidumbre para las empresas y los trabajadores pero los gibraltareños siempre han tenido problemas y han tenido la fuerza para solucionarlos», afirma Sacarello. Y su negativa a realizar paralelismos, a hablar de aquello y a entrar en cualquier cuestión política es tan grande que se limita a repetir: «Lo que tiene que hacer el Mercado Común (sic) es invertir en la Línea, que bastantes problemas económicos hay allí». Pero eso no es Gibraltar. «Me da igual. Es todo lo que pienso decir».

Una respuesta a “El partido de los 12 llanitos que querían hacer del Peñón “una autonomía española””

  1. Reina Madre del Gin Tonic dice:

    Las grandes y verdaderas oportunidades han salido por la puerta de atrás en la Colonia.

    Ahora y más que nunca se conoce que apostar por el colonialismo, es apostar de modo descarado, a caballo perdedor.

    San Roque donde reside la de Gibraltar.

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