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Opinión - 2 febrero 2019 - 17:08h

En lo incorrecto está la virtud

El gobierno de Sánchez con los independentistas y pro-etarras

Lo políticamente incorrecto sigue siendo tabú en los discursos de nuestros representantes en el Congreso, Senado, micrófonos y mítines. Se refleja en la leyes y en su administración. Hay miedo, no son capaces de afrontar la realidad de la vida en España, a la que hay que llamar “este país” y su bandera no es el símbolo más respetado. Si luces la enseña te etiquetan y estigmatizan con agravios despectivos y eres tachado sin compasión.
Lo establecido por el rodillo del poder político parece grabado a fuego en la conciencia de la gente a través de la intimidación de los grupos más radicales de izquierda. Que por cierto, ni ellos mismos se entienden. Ahora otro co-creador de Podemos, Errejón, se va haciendo mutis por el foro. El secretario general, Pablo Iglesias, ya no le da besos en la boca al podemita huido.
Pero ellos son los encargados de hacernos ver raro oír de unidad, que nuestra insignia común, la bandera, es la roja y gualda, ni republicana ni nacionalista, o tampoco feminista ni machista, sino representa principios, tradiciones e Historia de una comunidad diversa y multicultural como es España, y a la que debemos profesar respeto, solo porque nos representa a todos y todas. Una bandera que se creó en 1785, durante el reinado de Carlos III.
Se ve que infunden revancha del 36, no se olvida la guerra civil española, de vencidos y vencedores. Aunque, en la contienda, este distintivo no fuera más que testigo de la vergüenza de una España dividida que no se entendió con palabras.

Las etiquetas políticas han conseguido descalificar lo que define al ciudadano español, marcar distancias y volver a enfrentarnos. Está bien abrirnos al mundo, sin olvidar lo que nos identifica como gente ejemplares, pueblo solidario y noble.
Hoy parece que intimida explicarse en términos humanos. Tachar leyes que discriminan a hombres y mujeres, y exigir igualdad significa tendencia “machista”.
Se estigmatiza y crea argumentos de rechazo por parte de colectivos y asociaciones “feministas” interesadas en promulgar conciencia pública para “ayudar” a la mujer contra el varón, olvidando a su semejante, desde la perspectiva del victimismo, por el simple hecho de ser del sexo contrario al hombre, olvidando que todos y todas somos personas, y necesitamos el mismo trato ante la ley y la sociedad. Y si la mujer se considera inferior, habrá que seguir luchando por la igualdad, desde la educación y el respeto, impartido en los colegios, incluso como asignatura, pero jamás enfrentando a la mujer al hombre, ni al revés, y siempre aprendiendo a hablar de personas.

Es también “no comment” decir que la economía, e infrestructura, española no da para tanto desajuste referente a la migración ilegal. Que aunque se trate contraria a las leyes, todo tipo de emigración es bienvenida. Se produce el “efecto llamada”, siguen muriendo personas en nuestros mares y las mafias continúan con su siniestro negocio asentado en la desesperación de seres humanos. Regular y legalizar estas avalanchas incontroladas también “está mal visto” y parece no aporta réditos políticos. El dudoso buenismo político propicia desconcierto y va contra los propios derechos humanos, ya que un país que lucha por salir adelante, con una tasa de desempleo cercano a cuatro millones de personas, es imposible que acoja la necesidad imperiosa generalizada de otros países. Se trata de una ironía pública, ya que la administración es consciente de que estos problemas sociales hay que solucionarlos en sus propios lugares de orígenes con la contribución, al menos, de la UE, Naciones Unidas y los poderes mundiales. Pero, también es cobarde no afrontar esta realidad desde la raíz, enfrentarse a la verdad y decirlo abiertamente con sentimientos y sentidos humanos. Aunque parezca poco popular, negar la evidencia contribuye a más víctimas inocentes en el mar, en las vallas, en la esperanza, y propician el desamparo dejando a la deriva a seres humanos en manos de gente sin escrúpulos que aprovechan nuestras inciertas leyes, que no se cumplen, para sus crueles negocios.

Asimismo, es hipócrita negar y reconocer que el Estado español es Uno e indisoluble. Así lo aprobamos en referéndum entre todos y todas. Y si no estamos de acuerdo, porque los tiempos son otros, por el mismo procedimiento lo cambiamos, pero nunca a título parcial o unilateralmente. La Constitución, la ley de leyes, es clara y concisa. Bueno, pues sigue la batalla separatista de unos pocos de españoles (y extranjeros) que pretenden torcer la decisión de la gran mayoría. Y los políticos ni mú, mareando la perdiz, “amenazando” y coqueteando con el artículo 155. Sin decisión determinante que ataje el enfrentamiento entre catalanes y resto de ciudadanos (entre otros). No se entiende cómo se soporta la amenaza constante de sedición y rebelión de unos pocos a cincuenta millones de españoles. Mientras tanto nuestro gobierno está instalado en el poder con los votos de los independentistas y el apoyo de los pro-etarras. O las leyes no son las adecuadas o da pánico hacerlas cumplir y administrar las normas de convivencia. Pero la mentira sigue, y la convicción del “todo vale” nos hace perder los valores como españoles.

Y es que ser español, de España, se ha desvirtuado. Algunos políticos, de partidos, se han encargado de amedrentar, crear odio y violencia para transmitir pánico a los que piensan de otra manera, contagiando una idea forzada y que no coincide con los pensamientos generalizados del pueblo. La idiosincrasia popular, y cada vez más, demuestra que “lo políticamente incorrecto” se convierte en la virtud más razonada por los españoles. El sentido común siempre será el menos común de los sentidos. Las tendencias y mentiras apuntan que las extravagancias tienen un recorrido corto, poco aceptable y hace terminar la novedad. Una moda, que es moda precisamente porque pasa de moda. Hay que cambiar el discurso. Y en ello estamos la inmensa mayoría de españoles, que creemos firmemente en las posibilidades de la nación y en nuestra Carta Magna, la verdad “políticamente incorrecta” y la buena fe de España y de los españoles.

Paco del Río -Anián Berto

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